Alguna vez fui testigo en un centro de labores, de cómo se burlaban de un compañero porque éste buscaba en internet: tips o consejos de cómo llegar a ser un buen camarógrafo. Las burlas provenientes de personas con grandes egos y la errónea idea de que ya lo saben todo y no hay nada más que aprender en el camino, no amilanaron al compañero quién siguió buscando su mejora continua y por ende elevar su nivel de empleabilidad.
Este hecho llevo a preguntarme: ¿Cuáles son las cualidades que debe tener un camarógrafo para ser considerado un buen profesional? La respuesta no es sencilla, porque un camarógrafo no es solo una persona que presiona botones o mueve la cámara, tampoco es un simple cargador de cosas.
Además los camarógrafos nos desempeñamos en diferentes rubros como ficción, prensa, documentales, eventos, programas televisivos varios, etc. Trabajamos en interiores y/o estudios, o en exteriores y/o unidades móviles; lo que implica adaptarnos a diferentes dinámicas y diferentes estilos de trabajo, así como diferentes propuestas visuales.
Dialogando con algunos mentores y colegas, surgieron ideas acerca de algunas
pautas generales a seguir y objetivos por alcanzar que todo camarógrafo o
aspirante a serlo debería tener en cuenta.
En primer lugar, debe conocer los aspectos técnicos de las cámaras y accesorios que va a utilizar; estar al día con los avances tecnológicos en sensores, resolución de imagen, ópticas, formatos de grabación, espacios de color, etc. Esto le permitirá ser versátil y poder enfrentarse a cualquier proyecto, con cualquier tipo de cámara.
En segundo lugar, debe estimular constantemente su creatividad en la aplicación del
lenguaje audiovisual y sus elementos: planos, ángulos de cámara, movimientos, composición,
etc. Esto se desarrolla observando con ojo crítico, todo tipo de material
audiovisual: películas, videoclips, documentales, reportajes, programas de
televisión, entre otros, que permitan enriquecer su cultura visual.
En tercer
lugar, debe tener un criterio de gestor de recursos como el tiempo y el espacio,
para optimizar el plan de grabación o transmisión. Sea como responsable
absoluto de la elaboración de imágenes, o como colaborador proactivo del
director de turno.
En cuarto lugar, debe tratar de mantener una condición física que le
permita ejercer sus funciones en cualquier terreno, condición climática u
horarios extendidos en la jornada laboral, ya sea utilizando su cámara en
trípode o siendo llevada al hombro.
En quinto lugar, debe ser alguien con sentido de orden y método de trabajo: revisar sus
equipos antes de iniciar sus labores y al final de ello, guardar ordenadamente
la cámara y sus accesorios en sus respectivas maletas, tener cuidado al montar
los equipos en las unidades de transporte, limpiar adecuadamente los equipos
luego de usarlos, etc.
En sexto lugar, debe ser una persona comunicativa con los demás miembros de su
equipo de turno, el trabajo se enriquece y los resultados aparecen de manera
más óptima, cuando se prioriza la dinámica colectiva, sobre el individualismo y
algunos egos.
Aquí planteo otra pregunta: si todos los camarógrafos conocen lo técnico, son
creativos, tienen criterio de gestión, poseen una buena condición física,
tienen sentido de orden, de método de trabajo y son comunicativos, ¿Qué podría
hacer la diferencia y posicionar a algunos como candidatos prioritarios en un
proceso de selección laboral para conformar equipos de transmisión o grabación?
Pienso y creo que la diferencia pasa por un tema de valores
y una actitud proactiva; y como una vez me dijo un compañero de trabajo y amigo, con más
trayectoria y experiencia: “Cumple con tres cosas: puntualidad, responsabilidad
y trato (empatía y respeto)”.
Una frase que aprendí en mis tiempos pre universitarios sobre la puntualidad, y que
es atribuida a Napoleón Bonaparte, decía: “Un minuto antes de la hora, no es la
hora, un minuto después de la hora, no es la hora, la hora es la hora”. Creo
que todos deberíamos tratar de cumplir con ese principio, pues es la mejor
manera de hacer el tiempo más productivo y eficiente, pero también es una
muestra de respeto y consideración a nuestros compañeros de equipo de trabajo.
La responsabilidad la concibo como el hecho de hacer las cosas de manera correcta
y cumplir con los compromisos asumidos, esto genera confianza y tranquilidad en
nuestro entorno laboral, forjando así en cada uno de nosotros una personalidad
responsable, lo que por coherencia proyecta una imagen positiva de nuestro
accionar diario.
Sobre el trato cordial y respetuoso con nuestros colegas y demás compañeros de
trabajo, considero que debe ser siempre una conducta a seguir, no hablo de
vivir en seriedad absoluta, sino de saber los límites de las bromas y los
juegos entre compañeros de labores, solo de esa manera podemos proyectar hacia
los demás, que los camarógrafos también merecemos respeto y no somos simples
peones de trabajo.
Concluyendo sobre todo lo planteado anteriormente, creo que el buen profesionalismo de un
camarógrafo se desarrolla por encima de tener estudios universitarios o no
tenerlos, pues considero que se trata más de un tema de formación integra y de mejora
continua en competitividad; para muchos la competencia es la clave del
desarrollo y evolución en las personas, pero hay que saber enfocarla.
Así lo aprendí en una capacitación de camarógrafos, al escuchar a un expositor que
nos preparaba para cubrir un evento deportivo internacional y que dijo: “¡más
que competir contra los otros, uno debe competir contra sí mismo!”. Suscribo
esta premisa de competir contra nosotros mismos para ser mejor cada día, por
seguir aprendiendo y por seguir desarrollando las cualidades necesarias para
ser un buen camarógrafo, solo así podremos avanzar hacia el buen profesionalismo y
la alta empleabilidad.
Por último, tengamos
en cuenta todo lo mencionado en este artículo para evaluar a un camarógrafo,
nadie es mejor que otro, simplemente somos diferentes en trayectorias,
habilidades y experiencias, sin embargo, nunca dejemos de apuntar al estado
ideal de ser buenos camarógrafos y buenos profesionales en todos los sentidos,
luchando y venciendo nuestras propias taras, porque en ese proceso andamos muchos, yo
incluido, pues nadie es perfecto.
Artículo escrito por Luis Eduardo Rodríguez Arana
(Director de Fotografía y Camarógrafo)
*Agradecimientos especiales a mis colegas: Henry Outten, Cristian Góngora, Manolo Saavedra y Arturo Rivero por sus ideas, aportes y fotografías. De igual manera a mi amigo director, Daniel Anteparra, por sus siempre acertadas sugerencias. Un abrazo para ustedes.
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